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EL CAMINO DE UNA GENERACIÓN

Llevaba toda la mañana sentada en un banco intentándole poner nombre a lo que le estaba pasando. Por muy tópico que pareciese, no era de las personas que creía en las casualidades. Creía que el Universo era un ente viviente, como cualquiera de las personas que vivían a su alrededor y por eso ella sabía que todo pasaba porque el Universo necesitaba que pasase. No existen las casualidades. No quería caer en que había tenido mala suerte, porque la suerte, sin esos hechos azarosos que conforman la casualidad, moría, desaparecía, se esfumaba. Necesariamente dejaba de existir y todo acababa residiendo en ella, el núcleo, al fin y al cabo, de lo que le estaba pasando.

¿Por qué se había visto en medio de tantas contradicciones en tan poco tiempo? Creía que era un buen punto de partida para indagar en lo que le estaba pasando. Llevaba toda la vida haciendo lo que ella se había marcado como meta y en muchas ocasiones lo había conseguido. Entonces ¿Qué era lo que le causaba tanta intranquilidad? … Desubicación. Se sentía desubicada, sí. Parecía que podía ir afinando los conceptos a medida que seguía mirando a la gente pasar. ¿A qué se podía deber esa desubicación? Sabía que el camino que había ido construyendo tenía un inicio y un final. Por su juventud no había llegado al final, pero si levantaba mucho el cuello, lo podía ver perfectamente. ¿Había una mala construcción de este camino? ¿Los distintos peldaños no estaban bien colocados? Se puso a repasar cada una de las piezas que conformaban ese camino que un día le pareció tan claro e indiscutible. Había acabado el colegio con buenas notas, no las mejores, pero si lo suficientemente buenas para poder escoger cuál iba a ser su futuro. Empezó la carrera empoderada por la contundencia de su decisión y las fuerzas que le daba su prometedor futuro. Se metió en el mercado laboral segura de sus capacidades y con un fiel conocimiento de todo su potencial. En ocasiones había recibido buenas valoraciones de todos sus esfuerzos y trabajos. Sentía que si seguía explotando todo aquello, podría llegar lejos. El problema residía en que no se sentía en el medio adecuado para poder explotarlo.

Si había conseguido todo aquello que se había propuesto, si al ir avanzando, paso por paso labrándose un porvenir sostenible y con posibilidades de crecer ¿qué era exactamente lo que estaba gestando con tanta fuerza que la alejaba de ese camino? Estaba desubicada, eso estaba bien definido, pero entonces, ¿cuál era su ubicación si parecía que todo la había llevado hasta el punto donde se encontraba?

Para llegar hasta allí, había dejado muchas cosas atrás. No se puede tener todo. Miró su recorrido. A lo mejor en las cosas abandonadas en la cuneta había algo importante en lo que buscar respuestas. Le fue más fácil empezar desde el principio, si deshacía el camino seguro que se iba a dejar cosas, así que saltó al momento en que elaboró el plan. “Qué quieres ser de mayor?”. ¿Por qué tenemos que saberlo desde tan pequeños? A lo mejor si no tuviéramos que pensar en eso durante toda nuestra infancia, no estaríamos tan condicionados a crecer alrededor de esa decisión.

A lo mejor, si la decisión fuese tomada con más conocimiento de causa, se podría valorar otras rutas más atractivas que parecían complicadas, a pesar de que la que teníamos por delante pareciese más llana y libre de obstáculos. Una ruta que es más fácil simplemente porque ya llevábamos tiempo recorriendo. ¿Para qué volver atrás a explorar ese camino que al pasar por delante nos pareció interesante, aunque muy arriesgado por miedo a perdernos? ¿Qué pasa si ese camino era el que necesitábamos allanar para poder cumplir nuestros objetivos?

Si se daba la vuelta, veía claramente la línea recta que había estado recorriendo todos estos años. Podía localizar algunos de los caminos atestados de peligros y miedos bifurcándose del suyo con mucha claridad. Algunos los había dejado atrás por consejos de terceras personas, otros simplemente porque no había tenido tiempo siquiera de valorarlos y uno en concreto, porque no se dio tiempo a si misma de encontrar la fuerza para cogerlo y acabó pasándolo de largo sin darse cuenta. En su mente se acercó a ese desvío abandonado en el camino. Se puso cara a cara con todas las sensaciones, opiniones y sentimientos que la habían hecho apartarse de es atractiva aunque vertiginosa ruta. Giró la cabeza a la derecha y vio por delante todo el camino que ya había recorrido. Miró a la izquierda y visualizó el camino que tenía por delante incluyendo el tramo ya recorrido.

Volvió a mirar al frente. Se levantó del banco y se puso a andar.

Ese nuevo camino no se iba a llamar riesgo, ni miedo, ni locura, ni salto al vacío. Ese camino se iba a llamar cambio.

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Realidades

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Las realidades que nos rodean.
Las realidades que no son nuestras.
La mía, la tuya, la suya.
Distintas realidades nos susurran, nos cortejan, nos gritan, nos molestan, nos tientan.
Distintas realidades viven en nosotros a cada tic tac del reloj.

Muchos le son fiel a su realidad, otros prefieren coquetear con las de los demás.
Algunos, mueren sin encontrar la suya, otros sin casarse con ninguna.

Cuando tienes la tuya, ésta no te pertenece.
Su cuerpo te ciega, su mente te cautiva, sus palabras te hipnotizan.
La música que desprende, aunque creamos lo contrario, es disfrutada por muchos y no por eso su verdad es menor.

La sentimos nuestra porque la hemos hecho brotar, pero la semilla nunca será fue nuestra.

La versatilidad de la realidad acuna a todos aquellos que algún día oyeron su llamada y se sintieron seguros en sus brazos. También congrega a aquellos que en algún momento se despidieron de ella y alguna noche, inmersos en la nostalgia, la recuerdan.
La realidad, las realidades, no tienen dueño, no hay cadena que las retenga ni jaula que las prive de nada. Las realidades, al igual que las corrientes de aire, son de quien las sienta, de quien las representa y las respeta.

El placer de ser dueño de un pellizco de tu realidad ocurre cuando abres los ojos y eres capaz de cruzarte con otras realidades, conocerlas y arroparlas.
El rechazo de cualquiera de las realidades que nos rodean, no es más que el reflejo de la no completa aceptación y comprensión de tu propia realidad.

Porque al fin y al cabo, tus ojos son tuyos, tu corazón late para ti, tu mente carbura tus pensamientos y nadie más que tu es poseedor de tus recuerdos y tu recorrido.

Una realidad cerrada, se apagará con su mismo portador.

Toda diversidad es poca si no la podemos ver.

 

realidad

1. f. Existencia real y efectiva de algo.

2. f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente.

3. f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.

Diccionario de la Real Academia Española