LA ENERGÍA OCULTA

Una semana después del accidente, Mesmer no notaba ningún cambio preocupante en su salud. Era temprano y el café volvía a estar bueno. La casa parecía que, también volvía a quedar limpia sin tener que estar pendiente. A la vez que las hojas del periódico iban pasando al ritmo de su lectura, con naturalidad, agitó la muñeca para que la cafetera le llenase la taza de café. Tanta normalidad hizo que Mesmer no estuviese preparado para concebir la desdicha que estaba a punto de despertar en él.

Se acabó el café y la taza levitó hasta la cocina donde se unió, junto con otros cacharros a la nube creada por la espuma y el estropajo. Al levantarse de la mesa, vio atrapado bajo de su silla un papel que luchaba para liberarse y seguir su camino hasta la basura. Reconoció el trozo de papel donde se había apuntado la cita con el médico de la semana anterior. Por impulso, se la guardó en el bolsillo del abrigo que ya se le había posado sobre los hombros. ¡Qué gusto que todo volviese a la normalidad!

La puerta se abrió y en el mismo instante que su pie tocó el exterior de su casa…

…Qué frio hace, debería haberme cogido una bufanda…

…Qué dolor de garganta, debo de estar cogiendo algo…

…¡ACHUS! ¿otra ventana rota? Maldita enfermedad… si sigo con estos síntomas destructivos me voy a quedar sin casa…

¿QUÉ DEMONIOS ACABABA DE VER? Miró a su alrededor. Derecha, izquierda. Seguía en su rellano, ¿de dónde habían salido esas visiones? Volvió a mirar a su alrededor buscando una respuesta, pero nada parecía fuera de lo normal. Dedujo que todo había ocurrido en su cabeza, no encontraba otra explicación posible.
Antes de cerrar la puerta y sin pestañear, cogió la bufanda que estaba colgada en el perchero y se dirigió intranquilo a la calle.
Bajó la calle en dirección al estadio donde al día siguiente se celebraba la final de la liga de Surcrick y tenía que adecuar el lugar para la ocasión. A pesar de no ser un gran fan del vitoreado deporte, preparar estadios de tal envergadura, le hacía sentirse importante.

Bajó rápido de las nubes al recordar lo ocurrido al salir de casa. Todavía asustado por las visiones, metió la mano en el bolsillo del abrigo para evitar el frío. Notó como algo competía por el pequeño espacio del bolsillo. Hurgó un poco más y sacó una tarjeta arrugada con descuento para los servicios de un ayudante doméstico…

“20% de descuento en ayuda doméstica”. Qué irónico que precisamente aquel día le llegara esa tarjeta a sus manos. Mesmer se dirigía preocupado al hospital a causa de un déficit de fuerza enérgica que llevaba arrastrando casi un mes. Tardaba el doble de tiempo en hacer cualquier cosa, incluso en acciones tan cotidianas como hacerse el café por las mañanas o vestirse.
Se aproximaba al hospital cabizbajo, preocupado sobre todo, por su trabajo. Necesitaba su energía para poder desarrollar bien sus funciones.  No puede ser que con lo poco que llevaba trabajando, en mitad de un montaje no pudiese levantar un sistema de transformación de ondas. Pocas personas con la energía mental de movimiento desarrolladas se querían dedicar al montaje de sonido, así que su rol era muy importante o al menos eso consideraba.

Temía que si aquello iba a peor tendría que dejar su trabajo debido a esta común (aunque poco investigada) discapacidad conocida como magiless.
Recordó cuando, de pequeño le decía a sus padres que quería desarrollar energías cambiantes para ser detective o espía. En cambio su padre le incitaba a que potenciara las de curación para convertirse en médico como él. Qué vueltas da la vida…

Poco más adelante de donde Mesmer se encontraba, un chico estaba practicando en su casa hechizos para poder superar el examen de acceso al ejército. Se oía desde la calle como él y su padre discutían porque no era capaz de hacer un hechizo defensor de los más sencillos. Mesmer, abducido por sus penas, casi ni se percató del ruido al que se iba acercando.
En uno de los momentos donde los gritos llegaron a su máximo nivel, un rayo de luz carmesí cruzó el arco de la ventana alcanzando a Mesmer. Sin darle tiempo a reaccionar, le impactó en la cabeza dejándolo tendido en el suelo. Inconsciente…

Cuando llegó a casa se sentó en el sofá. Aprovechó para hojear el libro que acababa de coger en la biblioteca sobre cómo afectaban los impactos mágicos. A pesar de que hacía un mes de cuando le habían dejado inconsciente, no estaba de más investigar un poco.
Se cansó rápido. Había sido un día muy intenso, pero al menos el estadio estaba listo para la gran final. Pensó en hacerse una caliente y rica sopa…

…Qué buena me ha quedado, debería hacerla más veces…

…Uf, no puedo dormirme con este dolor de estómago…

…Algo me ha debido sentar mal…

Otra visión… eso sí que le revolvió el estómago. Nada de sopa para cenar.
Cuando se le hubo pasado el susto, se levantó, encendió la lámpara de la mesa y se puso a buscar en el índice: Hechizo defensor… Impacto… Impacto de hechizo… página 369. Hmmm, el impacto de un hechizo defensor, bla bla bla, ¡aquí! El impacto de un hechizo defensor directamente en la zona craneal puede desarrollar cualidades desconocidas en el sujeto impactado. Esto es debido a que la mente, al contrario que el corazón por ejemplo, es un órgano fácil de persuadir, por lo que es muy probable que a causa de un impacto no controlado, el sujeto desarrolle una energía cercana a la que actualmente posee.

Cercana a la que actualmente posee… Repitió esas palabras hasta conectar todos los cabos. El impacto había despertado energías mentales temporales. ¿Cómo podía ser?  Esa energía era muy poco común en la sociedad y debido a su dificultad y a los peligros que ese inmenso poder suponía, solo unos pocos eruditos habían podido dominarla.

Se asustó. ¿Qué iba a hacer?

Reflexionando, cayó en el Decreto de Honestidad Mágica que había firmado hace años al obtener el título que le autorizaba a potenciar su energía. Según este, estaba obligado a confesar ante el Delegado de Poder ese cambio enérgico para recibir la formación que fuese necesaria y unirse a la cúpula política. Los amos del universo. Los gobernantes de todo lo conocido. Los virtuosos de la magia. Los guardianes del poder de la energía.
A este colectivo les rodeaba una áurea de misterio que había pasado de generación en generación sin revelar absolutamente ningún tipo de información sobre ellos. Una vez acababan sus estudios, se aislaban en comunidad para cumplir sus funciones. Pero nadie sabía dónde.

Con los ojos más abiertos que nunca, se tumbó en la cama y con las pupilas clavadas en el techo decidió que tenía que ocultar a toda costa cualquier indicio de su nuevo poder. Tendría que encontrar la manera de excusarse si las visiones que tenía se plasmaban, de alguna forma física, en público. Nadie podía descubrir jamás el cambio que el accidente había provocado en él.

C O N T I N U A R Á . . .

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