Su mirada

Esperaba poder cruzar antes de que se pusiese rojo. Salía con prisas, como siempre. Cada segundo contaba. El día parecía una bomba de relojería. La sensación de que cualquier cosa podría estallar la acosaba. Había perdido la noción del tiempo.

Bajó la cabeza para mirar el reloj, iba justa, pero aun llegaba bien. Estaba más que acostumbrada a ir de un lado a otro corriendo, al fin y al cabo, formaba parte de su trabajo. Aunque a veces le parecía insostenible ese ritmo de vida. Levantó la cabeza para cruzar el paso de peatones sin colisionar con alguien, como últimamente le pasaba, y entonces la vio. La vio como se aproximaba con un movimiento lento y seguro. Su melena, al cambiar el rumbo dejando la acera atrás, le orbitó por encima de sus hombros dejando entre ver el brillo de sus reflejos.

La pudo ver reírse a pesar de que andaba seria con la mirada fija en un punto. Sus rasgos, se le hicieron familiares al instante. Pudo ver como lloraba y como se emocionaba. Se la imaginó feliz, disfrutando, siendo fuerte ante las adversidades.

No la quiso dejar marchar. A pesar de que el ritmo de la escena hiciese que se cruzasen en un armonioso, pero rápido, movimiento, sabía que se iba a quedar con ella por unos instantes más. Resultaba difícil desprenderse de esa frescura que transmitía solo con su presencia. Pero sobre todo, le impactó lo mucho que cinco segundos pueden transmitir de una persona a la que estaba viendo por primera vez.

Sabía que el azar no iba a querer volverlas a cruzar, no podía ser de otra forma. Sabía, también, que aquello había sido un ejercicio de humildad que el universo le había puesto intencionadamente. Se imaginó que le serviría para recordarle lo bello de los momentos ralentizados en un ritmo acelerado. La belleza de los rostros desconocidos en un vaivén llamado rutina mecánica, desvinculada de cualquier tipo de sentir.

Sentada en el taxi, aun sentía el flechazo expandiéndose por todo su cuerpo, sentía leves calambres en la punta de las extremidades. No la quería volver a ver, quería que ese momento tuviese el espacio que necesitaba en su memoria.

Se dio cuenta que lo que verdaderamente necesitaba era, volver a cruzarse con un momento fortuito, que le hiciese parar, frenar las prisas, centrarse en un gesto, en una mirada, en un movimiento, en un espacio.

En una pausa.

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