IRREFLEXIÓN

Es curioso lo mucho que se parecen las mañanas de lunes a viernes. Ver a Natalia a primera hora del día lo ilustra muy bien. Pase lo que pase, Natalia, cada mañana se despereza, se quita las legañas, se levanta de la cama y va derecha a hacerse un café en su máquina Nespresso. Al salir de su habitación siempre se topa con la cinta de correr que se compró hace dos años y que ahora no cumple otra función que soportar el peso de sus abrigos y otras prendas voluminosas que no caben en su rebosante armario. Se la compró con la ilusión de ponerse en forma y de volver a encajar sus piernas en una 36, pero a los dos días de tenerla en casa, Natalia colgó su primera trenca en el manillar dándole una segunda y permanente función a la cinta de correr de 2700€.

Suele salir puntual de casa, vive a dos manzanas de su trabajo, así que no depende del transporte público. Es lunes y esperando a que el primer semáforo de peatones se ponga en verde, le vibra el móvil en el bolsillo. En la pantalla ve: “Manuel: Hola guapa, ¿qué tal has dormido?”. Qué pesado…, al instante, Manuel manda otro mensaje: “Lo pasé muy bien contigo el sábado, me alegro de que Eli se hubiese quedado en casa”. “¿Eli?, debe de ser la novia de la que me habló” pensó Natalia metiéndose el móvil en el bolsillo, olvidándose del mensaje de Manuel.

Natalia tenía un modesto puesto y su consecuente sueldo que la hacía ponerse a dieta cada final de mes. Parecía que era un mes bajo de trabajo y en vez de reunirse en la cafetería a charlar sobre el fin de semana con sus compañeros, Natalia abrió una de las muchas newsletters de las tiendas de ropa online que frecuentaba y empezó a añadir prendas a la cesta. Hacía relativamente poco la estación había cambiado y principio de mes siempre es un buen momento para comprarse algún capricho. A su lado, en la mesa, el móvil iba vibrando con algún mensaje de alguno de los mil grupos a los que pertenecía. Solo miró uno de Silvia recordándola que habían quedado para ir a comer.

A la una y media Natalia salió escopeteada para reunirse con su amiga en el restaurante de menú que habituaban. Le contó que el sábado salió con sus primas y, como estas son unas aburridas, se puso a hablar con un tal Manuel para entretenerse y tal vez, conseguir alguna copa gratis. Hubo algún beso. Le enseñó el mensaje que aún no había contestado para poder reírse de ese pobre ingenuo con su amiga. A Silvia le había cambiado la cara a media historia. “Natalia, ¡este chico tiene novia!, ¿has pensado acaso en ella? Imagínate que ese tal Manuel fuese Jorge, de verdad que a veces no hay quien te entienda…”. Sí, parece que Silvia se ha molestado, que susceptible puede llegar a ser.

Al acabar su jornada, recordó que aún no había contestado a Manuel. Al coger el teléfono vio, desde la pantalla de bloqueo, un mensaje de un número desconocido: “Soy Eli, la novia de Manuel. La próxima vez, ten más cuidado con quien te restriegas y ¡deja a mi chico en paz!”

¿Cómo se había metido en tal lío? Si ella solo quería un ron con cola gratis… Bloqueó su teléfono, colgó su chaqueta en la máquina de correr y se tiró en la cama pensando en qué película podía ver esa noche.

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